Las discusiones de pareja y los hijos

En esta breve entrada abordamos algunas estrategias muy sencillas que podemos implementar para ayudar a que los conflictos y discusiones que tienen lugar en la pareja afecten lo menos posible a los hijos/as.

La primera ya la conocemos todos/as y es evitar que los niños sean testigos de situaciones de conflicto, tensión y estrés en la pareja que no les corresponden a ellos/as. Es por eso, que muchos padres/madres suelen dejar los momentos de discusión de pareja para situaciones en las que estén solos, donde pueden conversar y expresarse con libertad, sin que los niños/as estén presentes.

Sin embargo, muchas veces no logramos contener o reconducir estos momentos y las discusiones se disparan delante de nuestros hijos/as. Para ello, la segunda estrategia comentada hoy propone que al igual que nos peleamos delante de los niños/as compartamos con ellos/as la reconciliación y solución del conflicto. Es decir, muchas veces nuestros/as hijos/as ven cómo nos peleamos pero luego ya no logran alcanzar a conocer cómo se solucionó nuestra pelea sino que como por “arte de magia” nos ven tranquilos y en paz. De esta forma, no les es posible comprender que pasó entre nosotros, y la tensión que acumularon no puede liberarse de forma adecuada, incluso aunque ya nos vean tranquilos. Tampoco pueden aprender modelos de cómo se pueden solucionar los conflictos porque no nos vieron hacerlo. En definitiva, lo que se propone es que una vez que hemos logrado restablecer la paz en la pareja compartamos ese momento con nuestros hijos/as explicando de modo sencillo qué fue lo que nos enfadó, cómo hemos conversado para darnos cuenta de lo que cada uno/a necesitaba o quería y cómo hemos logrado solucionarlo.

Por ejemplo: ¿Lucía viste antes como discutimos papá y mamá porque papá quería ir a casa de la abuela y yo quería que almorzáramos en la calle?. A veces nos pasa que cuando no estamos de acuerdo nos enojamos y discutimos elevando la voz. No está bien que lo hagamos así pero a veces no sabemos hacerlo mejor. Sin embargo, luego hemos conversado y los dos hemos querido buscar una solución, así que acordamos que hoy iríamos donde la abuela y el próximo domingo almorzaríamos en la calle. Esto nos ha hecho sentir mejor y ahora ya estamos de acuerdo en lo que queremos hacer.

Loreto Santé Abal.
Psicóloga. Analista de Conducta
Ilustraciones: Concepción de Sagarra Moya
Psicóloga. Ilustradora.

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