PADRES E HIJOS: ¿Amistad versus Autoridad?

En una de las últimas “escuelas de padres” en la que tuve la oportunidad de participar se abrió este debate: “¿qué es mejor, ser amiga/o de nuestras hijas e hijos o que entiendan que nosotras/os tenemos la autoridad?”. Sometido a votación la gran mayoría elegía ser amiga/o de sus hijas/os para decepción de los que pensaban que era más importante ser autoridad.

Cuando les pedí que expusieran sus argumentos para elegir una u otra posición, el grupo que prefería ser amiga/o de sus hijas y de sus hijos argumentaba que era muy importante que sus infantes supieran que pueden confiar en ellas/os, que les pueden contar cualquier cosa, que no serán reprimidas/os y que serán escuchadas/os y atendidas/os en sus necesidades. En ningún momento, argumentaban que eso implicara no ponerles límites o no ejercer la autoridad en relación con estos límites, simplemente destacaban la necesidad de tener una relación cómplice y afectuosa con sus hijas/os. Muchos de ellas/os explicaban que lo preferían así porque la relación con sus progenitores fue precisamente así y les ayudó mucho en su desarrollo como personas y otras/os lo preferían de este modo porque fue algo que extrañaron y necesitaron en la relación con sus progenitores. Por otro lado, el grupo de los que defendían la importancia de establecer con claridad una línea de autoridad con sus hijas/os, argumentaba que era muy importante y necesario para sus hijas/os percibir que había alguien que establecía los límites, límites, por cierto, hechos para protegerlos, darles seguridad, autonomía y confianza. Estaban principalmente preocupadas/os por la permisividad que actualmente percibían en la educación a la que consideraban causante de muchos de los problemas que los infantes y adolescentes presentan actualmente (falta de autonomía, escasa tolerancia a la frustración, agresividad hacia los demás, falta de respeto a los adultos, etc). Pero tampoco negaban o renunciaban a la necesidad de que sus hijas/os pudieran confiar en ellas/os, a escuchar sus necesidades o a ser afectuosos.

Amistad o autoridadAutor Imagen: Mohamed Hassan.

En vista de lo expuesto, me parece que ambos grupos coincidían más que divergían en algunos de los aspectos más importantes de la educación como son la relación afectuosa y empática con sus hijas/os y el establecimiento de límites que les permitan desarrollar todo su potencial en un marco de seguridad y referencias claras. Lo único que variaba realmente era qué aspecto cada grupo, en función de sus experiencias personales, destacaba como bandera de su propuesta educativa: si la afectividad-confianza o si los límites-referencias claras pero, en ningún caso, la afirmación de uno suponía negar la importancia del otro, aunque así lo pudiera parecer “en titulares”.

Y esto me llevó a la siguiente reflexión. Pienso que el famoso debate sobre ser amiga/o o autoridad para una hija/o está mal planteado porque hay muchos aspectos de una relación de amistad, como el escuchar, compartir, ayudar, empatizar, opinar, divertirse, etc que son imprescindibles y beneficiosos en la relación con una hija/o. Al igual que es fundamental ser un referente de autoridad, a través de límites y normas claras, explicadas, dialogadas, y a través de ser un ejemplo coherente con los límites y las normas que queremos enseñarles.

En definitiva, la educación que ayuda a crecer como persona deviene seguramente de la presencia y combinación equilibrada de estos dos elementos, sin la omisión de ninguno de ellos. De este modo, a mi parecer, una madre o un padre deberían ser al mismo tiempo amiga/o y autoridad para su hija/o; la clave de la cuestión es saber ejercer los dos roles con sabiduría y oportunidad. Así, bien se puede jugar con tu hija de tres años, en el suelo con todos los juguetes esparcidos, riendo y compartiendo, y cuando ella decida que ya desea hacer otra cosa, o le llaman para otra cosa, no dejarla ir sin recoger con ella todos los juguetes utilizados, así te cueste ver su cara huraña o soportar su pequeño o gran berrinche. Igualmente se puede conversar con tu hijo adolescente sobre las últimas andanzas con sus amigos, jugar con él al último juego de la play o X-box que le trae loco, y al mismo tiempo poder decirle que no, que el domingo en la tarde no sale, porque ya acordaron que ese era tiempo para pasar en familia, y aguantar que se vaya enfurruñado acusándote de lo mal padre o madre que eres y de que no le comprendes. Sólo es cuestión, más no es fácil, de saber dar el lugar y momento oportuno a cada rol sin renunciar ni al disfrute y confianza de la relación ni a la batalla permanente por mantener unos límites y referencias que les ayuden y orienten en su caminar.

Loreto Santé Abal.
Psicóloga. Analista de Conducta.

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